jueves, 13 de febrero de 2014

Las Chicas son Guerreras

Con este título podríamos dedicarnos a homenajear a COZ y su gran éxito “Las chicas son guerreras” o recurrir a la mejor selección de luchadoras medievales, reales como Juana de Arco o inventadas como Red Sonja (Mucho más sexy, ¡Donde va a parar! Eso si, la armadura bikini es de lo más inútil que hay) o, ya pasados de vueltas, referirnos a grandes gobernantes que impulsaron sus ejércitos más allá de lo que sus pobres contrarios supusieron: Golda Meir en Israel o Margaret Thatcher en Gran Bretaña.

Red Sonja

Pero de lo que va, de lo que REALMENTE va, es de la mujer y su relación activa con la guerra. Hemos leído mucho sobre el tema (la guerra no las mujeres) pero sobre el amor a la violencia del bello sexo poco podemos encontrar. Unos pocos artículos como el de Julio Ferrer Sequera en la “Revista Española de Historia Militar” y, por supuesto, los autores greco latinos o mitos germanos.

Hay dos formas de verlas: Activas guerreras o pasivas, como premios o consuelo.

Las más antiguas que nos vienen a la mente son las celebérrimas Amazonas. ¡Cuántas historias podemos contar! Incluso olvidándonos de películas como “Las amazonas” de Terence Young.

El nombre podría venir de un termino iranio (hamazakaran, hacer la guerra) para otros procede del indoeuropeo “sin hombres o sin maridos". Entre los griegos clásicos se afirmaba que su origen era a+mazos ("sin pecho") por aquello de que se quemaban o cortaban (¿?) el pecho derecho para disparar mejor el arco (Con lo cual podemos deducir que no había amazonas zurdas o que estas no usaban arcos) No hay indicios de esta práctica en obras de arte, en las que las amazonas siempre son representadas con ambos pechos, aunque con el derecho frecuentemente cubierto.

En algunas versiones del mito, ningún varón tenía permiso para mantener relaciones sexuales o residir en el país de las amazonas; pero, una vez al año, para evitar la extinción de su raza, éstas visitaban a los gargarios, una tribu vecina. Los niños varones que resultaban de estas visitas eran: a) Sacrificados; b) enviados de vuelta con sus padres; c) Abandonados. Si se los quedaban les amputaban un miembro o los dejaban ciegos para que fueran sus sirvientes (Lo que todos necesitamos: criados ciegos o cojos). Las niñas eran criadas por sus madres y adiestradas en las labores del campo, la caza y el arte de la guerra.

Estas descripciones solo revelan la misoginia y los temores de una sociedad que veía la homosexualidad masculina como un hito de la autosuficiencia de los varones.


Amazonas cargando

Los romanos recogieron el mito y, aunque nunca se las encontraron, sufrieron los efectos de las sacerdotisas boscosas de Europa y los ataques de Boudica, reina de los Icenos, que por poco expulsa a las águilas romanas de Britania en el 60-61 d.c.


Siguiendo nuestro devenir, en la mitología guerrera germánica ellas son un premio para los guerreros muertos en combate, un marcial paraíso, el Wal-halla, donde los héroes, «eternamente jóvenes, cazarán y combatirán todo el día, y por la noche, unas hermosas mujeres, las "Valkirias", les escanciarán el hidromiel celeste en los cráneos de sus enemigos...». O sea que ni en el paraíso dejan de trabajar en “sus labores” que no son las que buscamos sino las que se les suponía: Restañar heridas, consolar al valiente cadáver y premiar su terrenal valor.

Dejemos El Cielo y comprobemos que todos los ejércitos, de todos los tiempos, arrastraban una retaguardia "civil" que trataba de cubrir tanto las necesidades alimenticias, las espirituales, las jurídicas y las de compañía, cura y afecto. Las féminas podían ser, en función de la cultura y mentalidad de cada ejército, las "legítimas" de cada soldado o barraganas, coimas, quiracas, soldaderas, izas, rabizas, colipoterras o, sencillamente, putas.

La edad oscura, la edad media, la de la reconquista también recoge acciones bélicas ejercidas por mujeres. Una de las más hermosas es la leyenda de la brava Jimena Blázquez, mujer del alcalde de la ciudad. Sabiendo de la ausencia de los hombres, los moros atacan la muralla. Con los primeros movimientos de tropa, Jimena reúne a todas las mujeres y se visten todas como guerreros, disponiéndose en las zonas más visibles de la muralla con teas encendidas, gritando y tocando las trompetas de guerra. Suponiendo Ávila bien defendida, los árabes ni siquiera intentan el asedio. Jimena había salvado a la ciudad.

Más real resulta nuestra Doña Sancha Carrillo, viuda de Sancho Sánchez de Velasco (1266-1315) quién fue Adelantado Mayor de Castilla y Justicia Mayor del rey, y detentadora de la justicia del rey, que continuó la lucha contra el clan de Salazar en acciones como la de Caniego de Mena o la del pueblo de Salazar. Ambas relatadas en nuestra obra “Batallas en Las Merindades”.

Otrosí, en el Siglo de Oro, el gobierno de la variopinta y revoltosa retaguardia de los Tercios estaba a cargo del "Barranchel de Campaña", especie de jefe de alguaciles, designado entre militares profesionales, cuya graduación variaba según la entidad de la unidad a que iba afecta la comitiva. Debemos recordar que el soldado no debía casarse -aunque a veces lo hacía- ni tener concubina fija, para no tener ataduras y estar siempre dispuesto a las exigencias de la guerra.

Los soldados españoles de antaño pensaron siempre que a sus correrías a través del mundo, (¡y han recorrido un rato largo!) mejor se iba sin ataduras matrimoniales. Pero no sin mujeres libres, y liberadas, que solían terminar vencidas por la vejez y la enfermedad, muertas violentamente y rara vez casadas con su macho.

Porque ser marica y soldado no estaba bien visto y favorecer la posibilidad del "pecado nefando", como si el noble arte de la guerra fuese un elitista internado británico, no solo estaba mal visto sino severísimamente castigado. Solución: se admitían prostitutas en un mínimo por unidad del 4% al 8%. Se explicaba que era para preservar la masculinidad de las tropas, para proteger a las mujeres y doncellas de los pueblos por donde aparecían las unidades armadas, para reducir los conflictos entre los soldados, para evitar el vicio de Onán, para… para cualquier cosa por que pedir castidad a los que iban a morir por la fe resultaba ridículo y hasta contraproducente.

Pero el deseo de posesión debía ser común dados los intentos de exclusividad en el uso de las mozas, muy habituales, que llevaban a incidentes a veces sangrientos.

Si no te agotabas en el vicio de la entrepierna lo hacías en el juego, otro de los " pequeños recreos" tolerados en la Institución Armada. Y este estaba gobernado por un curioso personaje femenino: la bolichera, mujer encargada del cuidado de cartas, dados y cubiletes, prestamista de perdidosos, saco de picardías y relacionada con el sexo como eventual alcahueta.

Y nuestros tercios sabían lo que se hacía. Pensad en lo que les pasó a las puritanas esposas de los protestantes soldados suecos, cuando, en su derrota de Nordlingen (1634), la retaguardia e impedimenta de aquel ejército cayó enterita en manos de los españoles.

Es por esos años cuando aparece una figura que hoy en día sigue dando largas horas de diversión en Hondarribia, Fuenterrabía de soltera, o irún. Hablamos de la cantinera, primero ocasional y posteriormente reglamentaria en ciertos casos. Teóricamente era una mujer que seguía a la tropa con oficio o pretexto de vender bebidas o comestibles. Podemos creérnoslo. El gran siglo de este oficio fue el XIX.

Las cantineras reglamentarias de regimiento o batallón vestían las mismas telas y colores propios de éstos, pero con hechuras más femeninas y una coquetona faldita sobre el pantalón de uniforme, que era obligatorio: podían cubrirse con el gorro de ordenanza o, más frecuentemente, con un gracioso sombrerito de paja. Estas mujeres procedían en su mayoría de los llamados «hijos/as del regimiento»; es decir, niños que en las románticas guerras de aquella centuria se encontraban abandonados en los pueblos conquistados y que eran adoptados por las unidades, siendo el porvenir normal de los niños ingresar como educando en la banda del regimiento al alcanzar la edad adecuada, hacia los 12 años, y en las niñas el de cantineras, llegando muchas de ellas, con el tiempo, a casar con un suboficial o cabo con paga, e incluso alguna con un oficial. (¿Qué pensaban que eran?)

La fidelidad y dedicación al regimiento de estas mujeres eran absolutas, ejerciendo funciones de cantinera, de enfermera, de confidente, de madre o de amante, y esto último no siempre (nos sorprendería leer la limpia historia de muchas de ellas). Respecto a su puesto en las formaciones el reglamento les señalaba su puesto en formación detrás de la banda en las paradas y en la cola del batallón en los desfiles. De su sitio en el combate nada decía, pero ellas sabían bien cuál era; en el ataque, con la primera compañía; en la retirada, con la última y, cuántas veces, al retirar los muertos de una acción, estaba entre ellos la gentil cantinera que había caído al lado de sus compañeros de armas... (¡¡Chapó!!)




Pero todo lo bueno se acaba y las cantineras son suprimidas oficialmente en España a finales del siglo XIX. ¡Mentira! las cantineras estuvieron presentes en todas las campañas de Marruecos y se recuerda a Asunción Martos cuando canturreamos, siempre algo alcoholizados, la tonadilla del “vino que vende Asunción ni es blanco ni es tinto ni tiene color". Fue una guapa cantinera del Batallón de Cazadores de Talavera en la Campaña de Melilla de 1909.

Con la paz en Marruecos desaparecen definitivamente, salvo de la legión: ¡Qué sencilla y qué emocionante era la esquela mortuoria de Juana Pardal!:

«Juana Pardal, antigua cantinera de la Legión; los viejos legionarios con residencia en Cádiz suplican una oración».

Ya en la guerra de 1936, aunque no existía ningún cometido oficialmente reconocido para la mujer en los ejércitos regulares de ambos contendientes, sí conviene señalar la intervención que las españolas tuvieron en las Unidades de Milicias, pasaron a ser no sólo compañeras de retaguardia sino también camaradas de armas.

Curiosamente, los mandos políticos de las milicias que intentaron a toda costa llevar mujeres a primera línea (por cierto que con pésimo resultado y no por falta de valor en las milicianas), no lograron nunca, ni su ejército regular tampoco, disponer de un verdadero Servicio Auxiliar Femenino -conductoras, sirvientes de baterías D.C.A., Defensa Pasiva, etc...-que les hubiese servido de eficaz ayuda, ya que por la falta de efectivos se vieron en la necesidad de movilizar quintas como la llamada "del biberón", cuyos componentes tenían 16 años.

Un papel más tradicional en la guerra civil de 1936-1939, y cuyos combates en el norte de Burgos recogemos en nuestra obra “Batallas en Las Merindades”, fue el de enfermeras, siempre voluntariosas y abnegadas, pero con un nivel muy diverso de conocimientos profesionales. De estas estamos seguros que se vieron en nuestra comarca. Personalmente me gusta pensar que ellas, vosotras, también estuvisteis en el frente de Noceco, defendiendo el gobierno legítimo de España, empuñando un fusil, luchadoras, evocadoras, amadas…



Quizás por ello, por una mala interpretación del trabajo de las mujeres por parte de los fogosos milicianos, abundan los carteles y folletos exigiendo el respeto para estas valerosas chicas.

En el bando nacional, no se llevaron nunca mujeres a las trincheras y una de las pocas vías por las que las féminas pudieron colaborar a la victoria además del ya citado cometido de enfermeras o con las activas mozas del Auxilio Social, fue por medio de la simpática institución de las "madrinas de guerra", consistente en chicas que, a través de amistades comunes, de las novias de otros soldados, por las secciones a esto dedicadas en revistas como Domingo (que entonces se publicaba en San Sebastián) o por los más variados caminos, enlazaban con un combatiente, generalmente desconocido, les escribían, le mandaban ropas, dulces y regalos confortándole, en fin, de mil maneras. Algunas llegaban a "ennoviarse" y aún a casarse con su "amadrinado", aunque también existiese el ahijado caradura que coleccionaba madrinas, recibiendo así múltiples cartas y paquetes.

En aspectos más tradicionales, las "profesionales del amor" bregaron lo suyo en ambas zonas pero, mientras en la republicana, los clientes milicianos eran proclives a pagarlas mediante vales del "comité", en la otra conocieron días de prosperidad pues, al regreso de cada acción victoriosa, el personal combatiente era generoso con los brazos que le acogían. (¿Participarían los Requetés de esta redistribución de recursos?)

Diremos finalmente y como en una especie de epitafio, que de todas aquellas mujeres que otrora fueran solaz y ayuda del guerrero en campaña, nada queda, a no ser el recuerdo de algún viejo militar aficionado a la Historia y alguna pequeña aportación al refranero.

¿Y ya esta? NO.

Desde 1988 la mujer forma parte de las fuerzas armadas del Reino de España, cumpliendo lo ordenado por el Artículo 14 de la constitución. Fue un choque porque la “costillita de Adán” pudo acceder a veinticuatro Cuerpos y Escalas de los tres Ejércitos en igualdad de condiciones que el varón. En un primer periodo se les limitó la entrada en ciertas unidades: La Legión, operaciones especiales, paracaidistas y cazadores paracaidistas. Tampoco podrán formar parte de las fuerzas de desembarco, de las dotaciones de submarinos ni de buques menores en los que sus condiciones estructurales no permitan el alojamiento en condiciones adecuadas.

Será el gobierno de Aznar el que determine la plena integración en todas las unidades. Así en Marzo de 2000 se incorporan las dos primeras damas Legionarias (Dª María Pilar Galdón y Dª Nuria Albiñana)

Aparte de los problemas causados por la reestructuración de edificios, la maternidad y la necesidad de legislar el acoso sexual hubo cambios en los uniformes que en un primer momento fue el mismo que el hombre, salvo Sanidad Militar, pero que hubo que regular específicamente para la mujer militar.

Además, la mujer debe llevar el pelo recogido o corto a la altura del borde del cuello. En cuanto a los complementos, se le permite pendientes que no sobrepasen el lóbulo de la oreja, alianza o anillo de compromiso y pulsera que no sean ostentosas (¡Como si los tíos no llevasen joyas o pendientes!). En cuanto a la presencia general, sólo se exige discreción, pero dado que este término es tan subjetivo es difícil su valoración.

Al final las amazonas están entre nosotros. Ya no son Cantineras sino que son escopeteras. El ejército, como la vida, es una compañía Mixta. Y se lo que digo que cuando un servidor cumplía el servicio militar mi Alférez era una atractiva dama rubia. (O al menos eso nos parecía a cuatro compañías de muchachos en edad de ser solo contenedores de hormonas)

Un saludo,

Felipe.

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